Coleccionistas, cuando la pasión se convierte en adicción

Hace 20 años que Omar Valdez se dedica a coleccionar antigüedades. Estas reliquias son parte de la ornamentación de La Chopería, un local nocturno ubicado en la calle Pichincha que ha ganado prestigio en gran parte por la identidad que le brindan aquellos tesoros históricos.

Omar afirma que siempre ha tenido atracción por las antigüedades, y recuerda que el primer objeto en despertar su adicción de coleccionista fue una cocina a leña que data del siglo XIX y que aún conserva. En La Chopería, Omar no puede esconder la satisfacción y el orgullo que le provoca su colección, pues el gran valor de estos objetos no solo es económico, sino también histórico y estético.

Y es que en La Chopería hasta el inmueble es una pieza histórica. “Esta casa perteneció al expresidente Peñaranda”, asegura Omar y cuenta que cuando alquiló el lugar notó que la casa y su ubicación eran ideales para aprovechar las bondades de su obsesión por las antigüedades. Comenzó decorando el local con una colección de fotos originales del reconocido fotógrafo de antaño Julio Cordero.

Desde 1986 hasta la fecha Omar cuenta con una vasta cantidad de objetos en su negocio: una caja registradora del año 1800, relojes de bolsillo, bicicletas, un sillón de barbero, juguetes, cámaras fotográficas, planchas, discos de vinilo, entre otros. Todo el local, que es bastante amplio y de varias plantas, está abarrotado de curiosos objetos. “Todos los objetos que se ven en La Chopería solo son una parte de lo que en realidad tengo, porque se vuelve como un vicio. Tengo dos depósitos llenos de objetos”,  dice el propietario.

La colección de Omar no tiene precio, sobre todo porque el valor sentimental es impagable. “Hace tiempo tuve una oferta de gente del Banco Mercantil que querían comprar el bar completo, tal como está, me propusieron un monto interesante”, afirma pero sostiene que declinó la oferta por aquel lazo sentimental que conserva con todos los objetos de La Chopería.

Omar además se convirtió en comerciante de antigüedades, pues de vez en cuando algún cliente que visita su local se muestra interesado por los artículos coleccionables; generalmente vende algunos objetos de los que tiene tres o cuatro unidades, como las planchas al carbón.

Consciente de que llegará un momento en el que tendrá que cerrar La Chopería, Omar tiene planeado construir un museo donde todos los objetos que ha recolectado a lo largo de 20 años puedan exhibirse y ser apreciados por cualquier visitante interesado. “Tengo un terreno en Achocalla donde planeo construir el museo. Estará construido con materiales reciclados y donde se puedan exhibir los objetos. Este proyecto es un reto”, concluye.

Así como Omar, cada coleccionista va ganando experiencia y se vuelve un conocedor de los diferentes objetos que va adquiriendo y por lo tanto también se vuelve más selectivo. Para Omar y otros coleccionistas ya no es suficiente solo conseguir el objeto; se busca reliquias que sigan funcionando pues tienen más valor.

Al mismo tiempo, el coleccionista crea lazos de confianza con los comerciantes dedicados a conseguir las piezas coleccionables. Agustín Tintaya es un comerciante de la feria 16 de Julio que desde hace 15 años se dedica exclusivamente a conseguir y vender antigüedades a pedido del cliente. “Para que un objeto se considere antiguo debe al menos tener 100 años de vida”, explica y asegura que sus clientes no solo le demandan piezas de esa o mayor antigüedad, sino que también tienden a buscar objetos muy difíciles de obtener, como por ejemplo las legendarias “macuquinas” potosinas, monedas acuñadas en la Villa Imperial del siglo XVIII. “El viajar y tener contactos en otras ciudades ayuda a conseguir cada objeto costoso”, concluye el comerciante.

Los coleccionistas además se van especializando en diferentes rubros, por ejemplo, una gran veta nace de la pasión por la música, algo que Marco Antonio Castillo, un hombre de 35 años, ha cultivado desde su adolescencia. Su pasión por la banda de rock psicodélico The Doors lo llevó a adquirir cerca de 200 objetos relacionados con la banda. “En ese tiempo no había internet para ver videos y escuchar su música, entonces compré sus discos, pósters, VHS”, menciona Marco, quien es más conocido como “Jim” entre sus amigos; una alusión al frontman de los Doors, Jim Morrison.

En su colección destacan los libros de poesía que escribió Morrison; un muñeco de acción del líder de la banda fabricado por Todd McFarlane, que además permanece dentro su empaque para incrementar su valor. “Recuerdo que lo primero que compré fue el disco Morrison Hotel, incluso esa vez tuve que hacerme cortar el cabello. Estaba en colegio y mi papá accedió a comprarme el disco con la condición de cortarme el cabello”, recuerda. No fue el único ni el último sacrificio que Marco tuvo que hacer para hacerse con más artículos de su banda favorita. Llegó al punto de privarse de cosas que él mismo necesitaba, como el dinero de su almuerzo durante un mes completo; lo que según Marco valió la pena, ya que finalmente logró tener la pieza de colección en sus manos.

Siendo alguien que ama la música, Marco formó su propia banda llamada Adagio que se caracteriza por realizar covers de The Doors en distintos pubs de la ciudad de La Paz. Pero así como el sonido del rock puede convertirse en obsesión para personas como Castillo, también lo hacen los colores y formas en personas como Valeria Romero.

Ella llevó su colección a otro nivel, al tenerla grabada en su propia piel a través de los tatuajes. Para Valeria se trata de coleccionar piezas de diferentes artistas. “Esto llena mi anhelo de conocimiento sobre este arte. Colecciono no solo tatuajes, sino el conocimiento y la creación del artista que hizo cada una de las piezas”, explica.

Para ella su adicción con los tatuajes nace al querer cambiar el color neutro de su piel. Comenzó a coleccionar tatuajes a los 23 años y asegura que ninguno de sus tatuajes tienen un significado especial, pero que los diseños que lleva en la piel son únicos, cual piezas pictóricas de colección. Todas estas obras de arte en la piel llevan la rúbrica de artistas que Valeria admira por el trabajo que realizan con la luz, las sombras, la composición y hasta las técnicas de aplicación de tinta.

Dedicarse al coleccionismo siempre implica tiempo y dinero, además de un sentido agudo del orden y cierto grado de obsesión. Existen los coleccionistas que generan y mueven dinero con su colección, comprar y vender a un precio mejor. Este es el tipo de coleccionista que no tiene necesariamente un apego emocional con los objetos de su colección.

El tipo de coleccionista denominado aficionado no tiene como prioridad la inversión monetaria; el placer que encuentra en la recolección es el de conseguir objetos únicos que después pueda mostrar con orgullo. Y es que un verdadero coleccionista siempre tiene en la mente alguna nueva joya que aún le falta obtener y que le quita el sueño, porque sabe que nunca es suficiente.

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